Santo Domingo de Guzmán: apóstol del Rosario y defensor de la verdad

Cada 8 de agosto, la Iglesia celebra con gozo la fiesta de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores, conocidos como dominicos, y gran propagador del Santo Rosario. Fue un hombre de oración profunda, amor por la verdad y pasión por la salvación de las almas.
Una vida marcada por la caridad y la predicación
Domingo nació en Caleruega, España, hacia el año 1170. Desde joven, destacó por su amor a los pobres y su deseo de estudiar y predicar. Se formó como canónigo regular en Osma, pero su vocación pronto lo llevó a recorrer caminos, predicando contra la herejía y llevando el Evangelio con celo misionero.
Durante su ministerio en el sur de Francia, Domingo combatió la herejía albigense no con violencia ni imposición, sino con el testimonio, la pobreza y la fuerza de la Palabra de Dios. Fue un defensor de la verdad con caridad, convencido de que la fe se transmite desde el corazón.
El Rosario: regalo de la Virgen
Según una piadosa tradición, fue la Virgen María quien entregó el Rosario a Santo Domingo como arma espiritual para la conversión de los pecadores y defensa de la fe. Desde entonces, Domingo lo promovió como medio de contemplación de la vida de Cristo y María, sembrando devoción por todas partes.
Por eso, Santo Domingo es considerado uno de los grandes difusores del Santo Rosario, oración que hasta hoy sigue transformando vidas y fortaleciendo a los creyentes.
Fundación de los dominicos
En 1216, con aprobación del Papa Honorio III, Santo Domingo fundó la Orden de Predicadores (O.P.), con una espiritualidad centrada en la oración, el estudio, la vida fraterna y la predicación. Su lema, “Laudare, benedicere, praedicare” (Alabar, bendecir, predicar), resume su misión: ser luz en medio del mundo, predicando la verdad del Evangelio.
Los dominicos han dado a la Iglesia grandes santos como Santo Tomás de Aquino, Santa Catalina de Siena, San Martín de Porres y muchos más, todos herederos del fuego misionero de Domingo.
Un legado que sigue vivo
Santo Domingo murió el 6 de agosto de 1221, pero su obra continúa dando frutos en todo el mundo. Fue canonizado en 1234 por el Papa Gregorio IX.
Hoy, más que nunca, su testimonio nos inspira a:
- Buscar la verdad con humildad,
- Vivir la fe con alegría,
- Y predicar con nuestra vida, aún en medio de un mundo que muchas veces la rechaza.
Santo Domingo de Guzmán, ruega por nosotros.
Enséñanos a amar la verdad, a orar con el Rosario y a anunciar el Evangelio con fervor y alegría.
