Julio: Mes de la Preciosísima Sangre de Cristo, nuestro refugio y salvación

Queridos hermanos en la fe, la Iglesia nos regala en julio un tesoro espiritual inmenso: la devoción a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Esa Sangre que brotó de su Cuerpo Santísimo no es solo símbolo, es vida, es amor, es el precio que pagó por ti y por mí para abrirnos las puertas del cielo.
La Sangre que habla al corazón
Cada gota derramada en el Huerto, en la flagelación, en la corona de espinas y en la cruz, nos grita: “Te amo y te quiero conmigo por la eternidad”. San Pedro nos recuerda con fuerza: “Habéis sido rescatados no con oro o plata, sino con la Sangre preciosa de Cristo” (1 Pe 1,18-19).
Hermanos, esa Sangre no se derramó en vano: es poder que limpia, sana, libera y protege.
Una devoción de amor y gratitud
A lo largo de los siglos, santos y papas han promovido esta devoción. San Gaspar del Búfalo dedicó su vida a predicar sobre la fuerza redentora de la Sangre de Cristo. Y el Papa Pío IX instituyó la fiesta en 1849 como un acto de agradecimiento por la protección divina sobre Roma.
Hoy, tú y yo estamos invitados a unirnos a esa corriente de amor y reparación.
Cómo vivir este mes con el corazón encendido
- Participa en la Santa Misa con la intención de agradecer cada gota derramada por ti.
- Reza la Letanía de la Preciosísima Sangre y medita sus invocaciones.
- Ofrece tus sacrificios y oraciones por la conversión de quienes están lejos de Dios.
- Adora al Santísimo y contempla en silencio el misterio de tu redención.
Oración para este mes
“Sangre de Cristo, precio de mi salvación, líbrame de todo mal. Lléname de tu fuerza y hazme fiel a tu amor hasta el último día. Amén.”
